Sufren graves efectos, las familias con un miembro en prisión

Alteran su dinámica de vida, por el señalamiento y rechazo social, señaló la académica de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, Aída Valero Chávez

Dijo que independientemente del nivel socio%u2013económico, estar en una cárcel causa perjuicios psicológicos graves

Las familias con alguno de sus miembros en prisión, alteran su dinámica de vida y sufren efectos negativos graves como consecuencia de esa condición, por el señalamiento y rechazo social, advirtió la académica de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM, Aída Valero Chávez.

Independientemente del nivel socio%u2013económico, especificó, estar en una cárcel causa perjuicios psicológicos graves, porque se rompe el núcleo familiar y, aunque la reclusión sea corta, se crea un estigma en la familia.

También refirió que, entre otras consecuencias, figuran las emocionales, económicas, de vivienda y de socialización.

La trabajadora social aseguró que el impacto es peor para las mujeres. Sin embargo, subrayó, en todos los casos no sólo sufren los parientes sino también el reo, porque el núcleo se transforma para sobrevivir en esas nuevas condiciones.

Valero Chávez se refirió también a la sobrepoblación en los reclusorios. De acuerdo con la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del Distrito Federal, hasta el 13 de junio de este año había 36 mil 221 internos.

Cifras al 30 de abril de 2008, precisan que de los 35 mil 669 presos que había hasta ese momento, 33 mil 798 eran hombres y mil 871 mujeres. Los delitos con mayor incidencia son patrimoniales, contra la vida, por armas de fuego y explosivos, sexuales y contra la salud.

La especialista, licenciada en Trabajo Social, maestra en Educación Superior y doctora en Educación, es profesora titular C de tiempo completo en la ENTS. Actualmente es coordinadora del Laboratorio de Investigación Sociomédica en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez.

En entrevista, explicó que la afectación que sufren las familias de internos de alguna institución penitenciaria varía según el género y el rol que tiene al interior de su núcleo.

Si el preso es varón y jefe de familia, sus consanguíneos resultan dañados en el aspecto económico, porque generalmente es el proveedor de una o varias familias, anotó.

Los familiares, abundó, también pierden el patrimonio o adquieren deudas al tener que pagar un abogado defensor. En materia de vivienda, llegan a perderla y, en muchos casos, el cónyuge y los hijos tiene que residir con algún pariente.

Otro rubro que se deteriora, externó, es la socialización. Los padres tienen una función importante que transmiten a sus hijos y pareja como normas de conducta, que desaparecen con su ausencia en el hogar.

Se dan casos de familias criminógenas en las que varios de sus integrantes participan en los actos delictivos, principalmente como robo o narcomenudeo.

Los parientes de un interno también resultan afectados en lo emocional, pues cuando existen hijos adolescentes la sensación de abandono que sufren es fuerte, porque no tienen un referente que les dé seguridad.

No sucede lo mismo con la mujer en prisión, quien padece una situación más grave. En estos casos, tanto la familia como la interna son víctimas. Ella por el abandono de la familia y de su pareja.

Como resultado de este abandono, las presas llegan a presentar conductas “desviadas”, pues se propicia el establecimiento de lazos muy cercanos con alguna interna.

Cuando la mujer en prisión se embaraza, no cuenta con la atención médica indispensable. Da a luz en instituciones públicas y regresa al penal con el producto. Si tienen hijos pequeños el daño es grave.

Aunque el menor puede estar con ellas dentro de la institución hasta cierta edad, llega un momento en que debe integrarse a la familia.

Otro grave problema es que en la mayoría de los casos no es el primer embarazo. Dejan niños fuera y otros los tienen en prisión. Ejemplificó que en Santa Martha Acatitlá, penal de mujeres, cerca del 70 por ciento de las reclusas están acusadas por daños contra la salud.

Por desgracia, advirtió, el sistema penal mexicano no da seguimiento a los internos una vez que salen de prisión. Por ello, consideró necesario llevar a cabo esta medida a fin de que los ex presos no sean extorsionados o presionados.

Asimismo, manifestó la necesidad de que las autoridades respectivas den seguimiento mínimo de un año a los ex convictos en su entorno familiar, a fin de comprobar su readaptación social. También consideró indispensable, preparar a la familia para aceptar al ex interno.

Acerca Redacción

También te puede interesar

Cámara de Diputados organizó el Parlamento Abierto “Un nuevo modelo de Salud Mental”

LaSalud.mx.- Al inaugurar el Parlamento Abierto “Un nuevo modelo de Salud Mental”, la presidenta de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *