Transtorno de ansiedad en la infancia puede convertirse en depresiòn

Se pueden sospechar que un niño es ansioso si se muerde las uñas o el lápiz, se chupa el pelo, no duerme bien, come demasiado o muy poco
 
Existen enfermedades mentales propias de la infancia como fobia escolar, trastorno de ansiedad por separación y trastorno de ansiedad generalizada, que pueden afectar la vida del pequeño, evolucionar y convertirse en depresión si no se atienden a tiempo, advirtió Tizbe Sauver Vera, coordinadora de Investigación de los Servicios de Salud Mental de la Secretaría de Salud.
 
En entrevista en el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental este 10 de octubre, precisó que un niño ansioso será un adulto depresivo o ansioso, lo cual le afectará en la funcionalidad escolar, social, familiar y laboral.
 
Explicó que la fobia escolar es el miedo intenso del niño a ir a la escuela, mientras que el trastorno de ansiedad por separación es mentalmente doloroso y catastrófico para el menor al saber que se va a desprender de la madre, y es más común entre los cuatro y cinco años de edad.
 
Informó que en el trastorno de ansiedad generalizada el pequeño sufre ante actividades de la vida cotidiana como ir a la escuela, hacer amigos, responder al maestro, etcétera.
 
La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica muestra que estas patologías inician en la infancia: a los cinco años para el trastorno de ansiedad por separación, seis años para la fobia específica y el trastorno de ansiedad generalizada se presenta el cualquier momento de la vida.
 
La coordinadora de Investigación de los Servicios de Salud Mental dijo que normalmente los padres no los detectan, les restan importancia o simplemente dicen que es un niño tímido, llorón y caprichoso, de ahí la falta de atención médica y la dificultad para captarlos; no obstante son muy comunes en la población en general.
 
Los padres pueden sospechar que su hijo es ansioso si se muerde las uñas o el lápiz, se chupa el pelo, no duerme bien, come demasiado o muy poco, no se integra al grupo de niños o llora cuando se separa de su vínculo más importante y ya tiene más de tres años de edad, porque, aclaró, en el desarrollo normal, entre los ocho meses y los tres años de edad es común que si se separa de la persona más importante llore, pero después de ese tiempo ya no debería hacerlo
 
En la adolescencia, le sudan las manos, tartamudea, se pone tembloroso o tiene conductas evitativas, como no tener amigos ni hablar por teléfono, no querer ir al cine y a fiestas, ni integrarse.
 
Ante esos síntomas, es importante que sea valorado por un psiquiatra o psicólogo. Si el trastorno es leve, se le aplican terapias psicológicas, como la cognitivo-conductual que es muy exitosa; cuando la disfunción es severa que impida al menor ir a la escuela y llora todo el día, se recurre a medicamentos antidepresivos que no causan adicción.
 
El tratamiento le ayuda a superar el problema y tomar confianza y sólo se administra durante determinado tiempo.
 
Sin embargo, advirtió, muchos de los miedos infantiles se basan en la actitud de los adultos, y es que en la mayoría de los niños ansiosos su vínculo más importante, ya sea la mamá, el papá o el cuidador, tiene el mismo problema. En consecuencia, para un tratamiento efectivo se requiere que ambos reciban terapia.
 
Tizbe Sauver Vera comentó que hay genes propios de estas enfermedades en las personas, que cuando se combinan con factores ambientales como la inseguridad, ansiedad o creencias dañinas de los padres, se presenta el padecimiento.
 
La ansiedad es un factor normal en la persona, aclaró, para reconocer o enfrentar el peligro, pero se convierte en problema al manifestarse de manera exagerada y sin motivo.
 
La especialista insistió en la necesidad del tratamiento especializado, ante el hecho de que un niño con cualquiera de los tres trastornos no presta atención durante la clase, sólo está preocupado por el paradero de sus papás, oye la sirena de una ambulancia y piensa que ahí van, que se van a morir o no va a regresar por él.
 
Sugirió a uno o los dos padres de familia dedicar al menos dos horas a su hijo para platicar, jugar o hacer cualquier otra actividad conjunta, dejando a un lado lo demás, incluso no contestar el teléfono. De esa manera, aunque trabajen, al pequeño no le va a afectar.
 
Asimismo, mencionó, es importante que las madres ansiosas observen a sus niños y ante cualquier síntoma anormal, lo lleven con un psicólogo o psiquiatra para evitar la evolución de la enfermedad mental.

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